viernes, 8 de marzo de 2019

Conciencia, Inteligencia Artificial y Transhumanismo


 Inteligencia artificial, Transhumanismo, Realidad virtual, Redes neuronales



En los últimos tiempos estamos asistiendo a un auge de la inteligencia artificial, vemos como esta entra cada vez más en nuestro mundo cotidiano, y esto es algo que sin duda irá a más en los próximos años.


La programación clásica, que llevamos usando durante décadas, se basa en operaciones matemáticas y lógicas puras, además de capacidad de almacenamiento de información, cosas en las que, incluso nuestras máquinas más primitivas, siempre nos han ganado. En cambio, cuando hablamos de inteligencia artificial nos movemos en un terreno que hasta ahora era exclusivo del ser humano: las cuestiones relativas al aprendizaje y al reconocimiento de patrones.


Las redes neuronales artificiales permiten emular, hasta cierto punto, el comportamiento de las neuronas biológicas, conectándose unas con otras en una estructura de capas y reajustando ciertos parámetros para permitir que la red aprenda, por sí sola o con ayuda, a hacer determinadas cosas, tratando la información de maneras similares a como lo hacen los cerebros biológicos. Aunque dichas neuronas están programadas de forma “clásica”, cuando las ponemos en marcha, nos permiten generar un comportamiento complejo que va más allá de la planificación con algoritmos. En otras palabras, hay una serie de propiedades emergentes, no programadas directamente, que aunque puedan ser más o menos predecibles, nos llevan unos pasos más allá de lo que nos ha permitido la programación clásica.
Red Neuronal, capas ocultas
Esquema muy simplificado de una red neuronal artificial de 15 neuronas, organizada en tres capas.

Las redes neuronales artificiales no son algo nuevo, puesto que los primeros modelos fueron creados en los años 40 del pasado siglo XX. Sin embargo, aumentar el número de neuronas de una simulación exige un cálculo constante para recalibrar las conexiones de cada una de estas, lo cual requiere una capacidad de cálculo que se incrementa exponencialmente conforme se aumenta el número de neuronas. Esto ha hecho que tengamos que esperar décadas, hasta tener máquinas lo suficientemente potentes como para simular redes funcionales y dinámicas.

Aunque las redes neuronales actuales pueden aprender a reconocer patrones y llevar a cabo mejor que los humanos funciones muy concretas, en la actualidad tienen importantes limitaciones. Para empezar, una red puede aprender muy bien a hacer determinadas cosas, como reconocer rostros. Sin embargo, si la misma red es entrenada posteriormente para otra función, por ejemplo jugar al ajedrez, olvidará todo lo aprendido y perderá su capacidad de reconocer rostros.

A día de hoy, las redes aún están muy lejos de acercarse a la plena funcionalidad del cerebro humano, aunque es posible que, conforme avance la potencia de cálculo de las computadoras, se pueda emular algo similar a un cerebro artificial. Probablemente la base computacional de dicho cerebro consistiría en coordinar infinidad de redes neuronales, combinándolas con bases de datos tradicionales, que permitan conmutar las distintas aptitudes aprendidas.

Pero si, llegado el momento, esto sucede, ¿llegarán a ser estas máquinas conscientes? Esto nos lleva a preguntarnos ¿En qué radica la conciencia? ¿Podrán los cerebros artificiales ayudarnos a responder esta pregunta?

Si la conciencia es una propiedad que emerge de la propia complejidad del cerebro, es decir, de la “autoorganización” de la materia a través de un largo proceso evolutivo, para acabar descubriéndose a sí misma. Si es así, la conciencia emergerá por sí misma de las mentes artificiales en cuanto estas lleguen a cierto nivel de complejidad.

Por otro lado hay quien piensa que la conciencia es lo único que verdaderamente existe, siendo el mundo que percibimos un mero reflejo de un mundo real que no podemos llegar a conocer (volvemos al mito de la caverna de Platón). Según esto la conciencia existe por sí misma, pero necesita de un cerebro para interactuar con el mundo “real”. Yo opino que esta idea tampoco aclara si un cerebro artificial podría llegar a poseerla.
La Fisura en el Espejo, Multiverso, Universos paralelos, Inteligencia artificial, conciencia, transhumanismo
Representación de un pasaje del relato "La Fisura en el Espejo"

Otra cuestión es el miedo que suscita el avance de la inteligencia artificial. Existen infinidad de novelas, películas y videojuegos en los que las máquinas, una vez que toman conciencia, deciden acabar con sus creadores humanos. ¿Hasta que punto podría darse semejante escenario en un futuro posible?

Bajo mi punto de vista es algo poco probable. El cerebro humano se ha conformado después de millones de años de evolución, en los que los instintos de conservación y reproducción han sido el eje central. Aunque por supuesto de todo eso surge toda una complejidad que va más allá, nuestro origen biológico y larga trayectoria evolutiva nos hace ser instintivamente peligrosos y agresivos en determinadas situaciones.

Los cerebros artificiales, en cambio, serían creados y entrenados para diferentes funciones que nada tendrían que ver con autoconservación y reproducción. Bajo este punto de vista, el verdadero peligro de la inteligencia artificial sería el mal uso de esta por parte del ser humano, por ejemplo para aplicaciones bélicas. Una inteligencia artificial dentro de un misil, entrenada para guiar a este hacia su objetivo, no tendría reparos en autoaniquilarse impactando contra su objetivo, si ha sido entrenada para ello, ya que este “instinto” sería tan fuerte como el de autoconservación en los cerebros biológicos.

Como ya he dicho, en la actualidad estamos muy lejos de emular algo que se acerque al cerebro humano, pero en un futuro, si continúa aumentando la capacidad computacional, podría darse el caso de que los cerebros artificiales nos alcanzasen e incluso nos superasen, dejando al ser humano obsoleto. Podemos especular con una sociedad robotizada, en la que los seres humanos sean la reliquia de un mundo en extinción, o por el contrario con una sociedad en la que, tal y como pretende el movimiento transhumanista, nos vayamos fusionando poco a poco con las máquinas hasta llevar la evolución de nuestra especie un paso más allá.

Dejando aparte prótesis y órganos artificiales, que también podrían estar dotados de cierta inteligencia para mejorar su eficiencia, en un futuro se podrían implantar en el sistema nervioso central microcomputadoras que emularan en su interior numerosas redes neuronales. Se conectarían al cerebro biológico corrigiendo enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer o el Parkinson, supliendo daños en el encéfalo o en la médula espinal, debidos a algún tipo de accidente, o simplemente haciéndonos más inteligentes. Quizás esta simbiosis se convierta algún día en algo normal, mejorando nuestras capacidades como especie y aportando a los cerebros artificiales la parte empática y humana que no sabemos si podrían llegar a tener por sí mismos.

Puestos a especular, algo que sería más complicado, tanto desde el punto de vista técnico, como filosófico o ético, sería la copia de la estructura de cerebros biológicos, neurona a neurona, al interior de una computadora que emulara el funcionamiento de dichos cerebros. Si algo así llegara a ser posible algún día, ¿qué sucedería con la conciencia en estos casos? ¿Se duplicaría? Podríamos vivir en realidades virtuales donde cualquier cosa sería posible, volcar nuestra mente a diferentes cuerpos, o hacer copias de seguridad de nosotros mismos en lugares seguros. ¿Podría ser esto una forma de inmortalidad?

También podrían usarse las mentes virtualizadas para viajes interestelares. Una mente podría quedar grabada en una computadora e iniciar su emulación después de milenios de viaje a través del espacio. Sería en cierto modo una forma de hibernación. Sospecho que, de producirse algún día un contacto con una civilización extraterrestre muy avanzada, pueda ser con entidades de este tipo.

Especulaciones aparte, la inteligencia artificial es algo que transformará nuestro mundo de formas que todavía no podemos ni imaginar, algo para lo que la sociedad debe estar preparada y atenta para que se haga un uso que, de ser el adecuado, traerá grandes beneficios a nuestra civilización.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Metal Oscuro en papel

Es una sensación muy especial la que se tiene cuando por fin tienes una copia impresa de una obra propia en la mano. En cierto modo es ver el trabajo de mucho tiempo materializado. Como que todo ese esfuerzo ha tomado una forma concreta.


Con Metal Oscuro: El Manuscrito del Sol Rojo me he demorado un poco en pedir la versión de tapa blanda, pero finalmente lo he hecho y aquí está el resultado:


Se ha quedado en unas 514 páginas, principalmente porque la letra tiene un tamaño con el que se lee muy cómodamente.

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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Relato: El Hombre de la Camisa de Fuerza


Agujeros de gusano, Conciencia, espuma cuántica, Multiverso, psicones, sueños lúcidos, universos paralelos

Shanya miró confundida al hombre sentado frente a ella e inmovilizado con una camisa de fuerza. Después de todo lo que le habían contado sobre él, esperaba algo más impresionante. Sin embargo, ante ella se hallaba un pobre diablo de apariencia inofensiva, lo cual resultaba chocante si se tomaban en cuenta todos los permisos especiales y precauciones que había necesitado para que la entrevista tuviera lugar. Al parecer, la camisa de fuerza no debía ser suficiente, puesto que un fornido enfermero permanecía en pie detrás de él.
Lo que más llamaba la atención de aquel infeliz, era la ausencia de pelo en buena parte del lado izquierdo de su cráneo, justo en la zona en la que destacaba una cicatriz casi circular.
Soy Shanya Nawa —dijo a modo de presentación mientras tendía la mano. Rápidamente se dio cuenta de su error y la retiró.
Hola Shanya, espero que no te moleste que te tutee. No tomes a mal que no te estreche la mano —dijo señalando a si mismo con la barbilla—. Mis carceleros han pensado que así estaría más cómodo.
Shanya no supo muy bien cómo contestar. El hombre la contemplaba con una expresión entre familiar y divertida, una mirada que sin duda hubiera hecho sentir incómoda a cualquier otra persona, pero ella no era de las que se dejaban intimidar fácilmente, así que continuó con su ensayada presentación:
Trabajo para la revista “La Brújula del Misterio”. ¿Conoce esta publicación?
No. Es la primera vez que la oigo nombrar.
Me sorprende que no haya oído hablar de nosotros, se trata de una revista con tirada a nivel nacional.
En mi caso no es nada raro, dadas las circunstancias. ¿Y qué tipo de cuestiones suele tratar esa revista “tan importante” para la que trabaja?
Bueno, sobre todo temas relacionados con el misterio, ya sabe: parapsicología, ufología…
¿Y tú crees en esas cosas? —la interrumpió. Aquella pregunta sonó como retórica, casi como si él ya supiera la respuesta.
Pues…
El mundo está lleno de misterios, misterios reales que nos desafían desde la frontera del conocimiento, sin embargo las cosas que acabas de nombrar son misterios ficticios, creados por vendedores de humo…
Señor Likhati, no estoy aquí para discutir la veracidad de los temas sobre los que trata la revista para la que trabajo. Créame que me encantaría en otras circunstancias, pero no hay tiempo: Me han dado una hora para que lo entreviste.
Claro, mis disculpas. Llevo demasiado tiempo aquí atrapado, sin conversar con nadie. Mis carceleros no me dirigen la palabra, ni me permiten contacto alguno con otros reclusos.
Querrá decir internos. Esto no es una cárcel.
Llámala como quieras, yo estoy encerrado igualmente.
Estoy aquí para que me cuente su historia. Su versión de los hechos ha interesado a mi redactor jefe.
Algo habré hecho mal. No me deben tomar muy en serio cuando he atraído el interés de uno de los responsables de semejante publicación. ¿Qué es eso que ha interesado a su jefe?
Hasta donde yo sé, usted sufre una especie de amnesia, provocada por el balazo que recibió en la cabeza cuando le capturaron...
¿Amnesia? ¡Yo no tengo amnesia!
Pero afirma no recordar nada de lo que se le acusa.
Porque yo ni siquiera estaba allí. Los medios de comunicación han tergiversado todo.
¿No estaba allí? ¿Cómo puede negar eso? Incluso tiene la cicatriz.
Si te muestro mi punto de vista, debes prometerme que todo será publicado íntegramente y sin interpretaciones sesgadas. ¿Puedes garantizar estas condiciones?
Puedo, puesto que soy la responsable del artículo. A cambio me contará toda la verdad.
Es lo que siempre he hecho.
Por favor, comience por el principio, cuando esté listo. Si no le importa identifíquese para que quede registrado en la grabación.
Shanya sacó de su bolso una tablet y puso en marcha la aplicación que utilizaba para grabar notas de audio. El hombre comenzó su relato:
Mi nombre, como ya sabes, es Kiram Likhati. Desde hace más de seis años convivo… convivía con una mujer llamada Mara Dasianrta. Ambos somos investigadores. Ella es neurobióloga y yo, bueno, mi campo de estudio es la inteligencia artificial.
Sin embargo, las personas de su entorno afirman que usted vive solo desde que se divorció, hace ya ocho años. Dicen que es un tipo solitario que ni siquiera tiene amigos, y que no posee ningún tipo de formación, más allá de la educación primaria. A esto hay que añadir que en ninguna universidad del país consta su nombre, ni el de ninguna Mara Dasianrta.
Pues te aseguro que ella existe —mientras dijo esto miró de tal forma a Shanya que esta no pudo evitar estremecerse—. Respecto a mí formación, puedo asegurar que tengo varios doctorados, uno de ellos en ingeniería computacional, pero nadie se ha molestado siquiera en ponerme a prueba para darme la oportunidad de demostrarlo.
Es difícil creerle cuando ni siquiera existe semejante titulación. Pero continúe, intentaré interrumpirle lo menos posible.
Mara y yo estábamos obsesionados por encontrar el mismísimo origen de la consciencia, así como las causas más íntimas implicadas en la generación de esta. Comenzamos a trabajar con simulaciones, y en un principio pensamos que encontraríamos la respuesta aumentando paulatinamente la complejidad de los cerebros artificiales en estas simulaciones. Pero comprendimos que, por complejas que fueran las redes neuronales, las neuronas individuales de las simulaciones eran demasiado sencillas en comparación con sus equivalentes biológicas. Decidimos estudiar a estas últimas con todo detalle para poder emularlas con la máxima precisión en un entorno virtual, y así mejorar el funcionamiento de las redes de neuronas artificiales.
»Nos llevó un par de años de investigación darnos cuenta, pero al final descubrimos indicios de un campo que impregnaba toda la realidad, constituido por algo que bautizamos como “psicones”: unas entidades, o partículas elementales, por llamarlas de alguna forma, portadoras de la conciencia. Aquellos psicones eran tan pequeños que parecían completamente indetectables, sin embargo las neuronas biológicas parecían poseer cierta sensibilidad a este misterioso campo. Al menos daba la impresión de que los cerebros complejos eran sumideros donde se concentraban estas partículas.
»Descubrimos que algunos estados alterados de conciencia, provocados por determinadas drogas, podían afectar a la forma de interacción con dicho campo, haciendo que los psicones se desacoplaran de las neuronas, o que incluso estas se tornaran más receptivas.
Lo que me está contando, ¿tiene alguna relación con los hechos?
Si no cuento esto no tendré ninguna posibilidad de que nadie me comprenda, todos piensan que estoy loco o que soy un mentiroso que se quiere librar de la cárcel. Seguramente esta opinión no cambiará por mucho que cuente mi historia, pero al menos déjame intentarlo.
Es que no disponemos de tiempo para…
No me llevará mucho. ¿Sabes lo que son los agujeros de gusano?
Una especie de túneles que permiten viajar instantáneamente de un lado del espacio a otro.
Más o menos. ¿Y si te dijera que están por todas partes? El espacio-tiempo está plagado de ellos, constantemente aparecen y desaparecen. Lo que pasa es que son tan pequeños que nada puede atravesarlos, nada salvo cosas tan diminutas como los psicones. Pero ¿y si te dijera que estos agujeros de gusano no solo comunican distintos puntos del espacio-tiempo de este universo, sino que lo hacen con infinidad de universos?
¿A dónde quiere llegar?
Lo que quiero decir es que los psicones permean todo el multiverso, se mueven por la espuma cuántica portando información y formando estructuras que se rigen por una física desconocida, filtrándose por microagujeros de gusano, adhiriéndose a cerebros complejos, mediante un mecanismo neuronal que no llego a comprender del todo, y generando o alterando la consciencia en estos. A veces, en determinados estados alterados de conciencia, nos hacen captar información exótica, la mayoría de las veces a través de los sueños.
¿Puede demostrar lo que dice?
¿Cómo podría? Ni siquiera estoy seguro de haber interpretado bien los datos. Últimamente estoy barajando la idea de que el campo de psicones solo sea un eco de la reestructuración de la realidad en torno a la mente. Una realidad cuya naturaleza, más allá de lo que construye nuestro cerebro a través de unos limitados sentidos, es un verdadero misterio, yo diría que imposible de conocer.
Shanya detuvo la grabación y dijo:
Señor Likhati. Está usted divagando, solo suelta incoherencias y cosas sin sentido. ¿Por qué no me habla de los hechos de los que es responsable?
Se me acusa, pero no soy responsable. Por favor, déjame continuar.
Shanya hizo un gesto de resignación y reanudó la grabación.
¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Comencé a experimentar con determinadas mezclas de drogas y a utilizar ciertas técnicas de meditación. He dicho “comencé” y no “comenzamos”, porque Mara no quiso dar ese paso. Me dijo que aquello podía destruir la integridad de cualquier mente, trató de convencerme de que yo tampoco lo hiciera, pero mi curiosidad y avidez de conocimientos vencieron a mi sensatez.
»Al principio fue divertido, porque aquello me provocaba visiones y sueños lúcidos alucinantes. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais —al decir esto último sonrió como si hubiera hecho algún tipo de chiste que Shanya no llegó a comprender—. He visto mundos que sería incapaz de describirte.
»Los problemas llegaron cuando comenzaron a producirse cambios inexplicables a mi alrededor. Al principio no le di importancia porque eran cosas muy sutiles: un vaso de agua vacío sobre la mesita de noche, pero que a la mañana siguiente aparecía lleno como por arte de magia, cambios en la posición de los muebles de nuestra casa, cambios que yo notaba, pero que Mara juraba y perjuraba que no eran tales, ya que al parecer para ella los muebles habían estado así desde “siempre”. Amigos y conocidos que aparecían de la nada como si me conocieran de toda la vida, en fin, cosas de ese tipo.
¿A dónde quiere ir a parar?
Sé lo que debo parecerte ahora mismo, pero la verdad es que mi mente ha estado vagando a la deriva por el multiverso. Visitando versiones de la realidad en las que algunos hechos han sucedido de manera diferente. Lo que pasa es que los cambios nunca habían sido tan radicales como hasta ahora.
»Hace tiempo que dejé de experimentar, pero el daño ya estaba hecho: mi mente se ha desacoplado de su realidad original, y no sé qué hacer para detener esto. Un día desperté en la habitación de un hospital, con un terrible dolor de cabeza y rodeado de tipos armados y uniformados. Imagínate mi desconcierto cuando me acusaban de esos crímenes ¡A mí, que en mi vida he tenido una sola multa de aparcamiento! Desde entonces me han encerrado en diferentes lugares y no han parado de hacerme preguntas que no sé responder. Mira cómo me han atado para esta entrevista ¡No soy Hannibal Lecter!
No sé quién es ese, pero tanta precaución es debida a que, antes de ser capturado era el hombre más buscado del país: ha perpetrado una decena de asaltos en los que ha conseguido llevarse una fortuna. Durante el último atraco, antes de que lo abatieran de un certero tiro en la cabeza, intentó matar a todos los rehenes. Solo sobrevivió uno, aunque muy malherido. ¿No recuerda nada de eso?
Yo nunca he robado, ni he matado a nadie.
Ha asesinado a siete personas a sangre fría. Además, según el personal de esta institución, tiene tendencias autodestructivas: ya ha intentado suicidarse en dos ocasiones.
Porque todo esto me está enloqueciendo de verdad. ¡Créeme por un momento e intenta ponerte en mi lugar!
Pero la historia que me ha contado no tiene sentido. Ha inventado una coartada tan imposible de verificar como de desmentir, y de paso ha fingido ser un enfermo mental, aunque eso no le ha evitado el encierro.
Se hizo el silencio durante un breve instante, hasta que fue roto por Kiram.
Tú no eres periodista. ¿Por qué estás aquí?
Mi redactor jefe cree que a los lectores de la revista les puede interesar esas chorradas que usted cuenta.
Mara, eres una pésima actriz. Al principio de la entrevista pensé que no me reconocías porque en esta realidad no nos habíamos encontrado, pero ahora veo que estás fingiendo. ¿Es verdad que no me conoces? —Kiram pareció sufrir una especie de ataque nervioso.
¿Por qué me llama así? Le he dicho que mi nombre es Shanya. Hasta hace unos minutos usted y yo no nos habíamos visto nunca.
El enfermero, que hasta ese momento había permanecido inmóvil tras él, le inyectó algo en el cuello. En unos segundos, Kiram se relajó hasta casi perder la consciencia.
Hemos compartido seis años juntos —Kiram levantó la mirada con dificultad, mostrando un semblante cansado y afligido—. Ya veo que me equivoco, que tú eres otra versión de ella y que la Mara que yo conocí no está en este mundo.
Shanya se dirigió al enfermero:
¿Puede dejarnos a solas?
Lo siento —contestó este—. No creo que sea buena idea.
¡Vamos! Tiene una camisa de fuerza y está drogado. Además, el director me dijo que podía hablar a solas con él si así lo deseaba.
El enfermero abandonó la habitación con cierto recelo. Cuando cerró la puerta, Shanya se acercó a Kiram y lo besó en los labios. Él no dijo nada, pero su expresión de sorpresa demandaba una explicación.
¡Casi me engañas! —dijo ella mientras desabrochaba las correas de la camisa de fuerza—. ¡Menudo cuento! Por un momento hasta he pensado que te habías vuelto loco de verdad.
Kiram se terminó de quitar la camisa, no sin cierta dificultad, y mientras se frotaba las muñecas, casi inertes y dormidas, preguntó tímidamente:
¿Mara?
Nadie sospechó de mí como tu cómplice, por lo que ha sido arriesgado y no ha tenido ningún sentido que utilizaras el nombre de Mara en tus delirios. Pero da igual, al fin y al cabo ¿quién se iba a creer esas chorradas que cuentas?
Shanya tomó la mano de Kiram y la puso sobre la tablet con la que aparentemente había estado grabando la conversación.
¿Vas a sacarme de aquí? —preguntó él esperanzado.
Lo siento cariño —susurró ella sonriendo—. Solo quería tu huella para autorizar la transferencia desde tu cuenta de las Islas Thanaksni. A ti ya no te necesito.
¿Qué? —Kiram se incorporó, pero al intentar caminar hacia Shanya se desplomó, lo que le habían inyectado hacía cada vez más efecto—. ¿Quién eres tú? ¡Tú no eres mi Mara!
¡Vaya! ¡Por lo visto es verdad que no te acuerdas! Te refrescaré la memoria.
Desabrochó varios botones de su blusa, dejando ver una gran cicatriz en su pecho derecho.
Sí, éramos cómplices. Hasta que te cargaste a los rehenes y después, sin decir palabra, me disparaste a bocajarro. Pero sobreviví y, al no haber más testigos, la policía pensó que yo era una víctima más: el único rehén superviviente. Hicimos bien en mantener nuestra relación en secreto. Para tu información: Mara Dasianrta no existe, fue un nombre falso que inventé cuando nos conocimos. Tal como pensamos, si cogían a uno, el otro estaría a salvo mientras el capturado no se fuera de la lengua. Todo se basaba en la confianza mutua, por eso me dolió tanto tu traición. ¿De verdad es tan importante para ti el dinero?
Pero ese tipo no era yo, es una versión muy deformada de mí. ¡Yo nunca te haría daño!
Kiram trató de incorporarse sin éxito. Shanya se inclinó y le dijo al oído:
Es posible que esa bala te haya hecho creer que eres otra persona, pero para mí sigues siendo el mismo que me traicionó —a continuación se incorporó y gritó— ¡Socorro! ¡Se ha soltado!
No tardaron en acudir dos enfermeros que lo ayudaron a levantarse para, a continuación, volver a ponerle la camisa de fuerza.
Mientras, Shanya abandonaba aquella siniestra habitación con desconsuelo, para dirigirse a la salida de aquel lugar, un lugar que no volvería a visitar jamás.
Por un momento se planteó si había algo real en lo que contaba aquel pobre tarado. Un amago de compasión pasó fugaz por su mente, pero lo descartó en cuanto sus pensamientos se enfocaron hacia el futuro.
Para ella comenzaba una nueva vida.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Principio del relato "El Devakalión". Incluido en la antología "Susurros de otros Tiempos"

 

1. Despertar

«Frío» fue la primera palabra que Darío pronunció al abrir los ojos.
Había dejado la ventana abierta antes de acostarse, ya que aquel mes de julio estaba siendo especialmente caluroso. Su primer impulso fue levantarse con la intención de cerrarla, pero comprobó con cierta estupefacción que ya lo estaba.
«Qué raro» se dijo. Entonces reparó, no solo en que llevaba puesto un pijama de invierno, sino en que estaba cubierto con una manta. Aquello lo asustó, ya que la noche anterior sin duda estaba desnudo en el momento en el que se durmió. Además, ¿qué hacía tan abrigado en pleno julio? Y para colmo sintiendo frío.
¿Y dónde estaba Sonia? Había pasado la noche con ella, lo cual le hacía volver a la incongruencia de haber despertado vestido y solo.
No hacía mucho que conocía a Sonia, pero se había enamorado locamente de ella. Y aunque nunca dejaba de viajar, últimamente había visitado aquella ciudad con más frecuencia de lo normal, tan solo con la intención de pasar más tiempo con ella. En realidad era la tercera cita que tenían, pero aquella había sido la primera noche que acabaron en la cama, una noche en la que Sonia había hecho unas confesiones sumamente misteriosas.
Levantó la persiana para que la luz matinal penetrara en la habitación, y en ese instante la visión de la calle hizo que sus ojos se abrieran como platos: «¿Qué prodigio es este?»
Toda la calle estaba cubierta por un inmaculado manto de nieve.
Durante varios minutos contempló una escena imposible en aquella época del año. Pero este hecho, que fue el que más lo sorprendió en un principio, pasó para él a un segundo plano cuando reparó en que no sabía qué calle era aquella. Se percató de que tampoco estaba en la habitación del hotel en la que se había acostado, era evidente que aquello ni siquiera era un hotel.
Después se fijó en la manera de vestir de la gente que paseaba por la calle y en los vehículos que circulaban por esta: no fue capaz de reconocer ni un solo modelo y todos tenían una forma que se le antojó cuanto menos sorprendente. Aquella ventana era como una pantalla que mostraba un mundo deformado.
Ahora que la luz había inundado la habitación, descubrió un libro sobre la mesita de noche: «Las Puertas de Anubis», de un tal Tim Powers. No recordaba haber leído aquel libro, ni siquiera había oído hablar de él o de su autor. Sin embargo le pertenecía, ya que al hojearlo descubrió en la primera página su propio nombre escrito de su puño y letra. Desde que era un niño había tenido la costumbre de poner su nombre en la primera página de todos los libros que le regalaban o que compraba, y este lo tenía, pero era incapaz de recordar siquiera la existencia de semejante título.
Registró el cajón de la mesita de noche. Él siempre guardaba paquetes de tabaco en los cajones de las mesitas de noche, pero estaba vacío. Al parecer el contenido, aparentemente unas mudas de ropa interior, estaba esparcido por el suelo de forma azarosa. Se sentó abatido en la cama.
No tardó en ponerse en pie con intención de dirigirse hacia la puerta. Si quería comprender lo que estaba pasando no conseguiría nada sentado en una cama lamentándose.
Entre la ropa que había esparcida por la habitación encontró un abrigo y un par de zapatos que no reconoció, pero que sin duda eran de su talla. Y aunque estas prendas no eran gran cosa, le parecieron más que suficientes para vestirse y salir.
Cuando caminaba por un pasillo, buscando la salida de aquel piso desconocido, comprobó que todo estaba patas arriba, como si un huracán hubiera penetrado en el interior de la vivienda, haciendo que papeles, prendas de vestir y otros objetos fueran lanzados de forma caótica. Entonces pasó por delante de la puerta de un cuarto de baño y vio algo que hizo que se detuviera horrorizado: todo el suelo estaba teñido de rojo y las paredes salpicadas de manchas purpúreas. En el suelo yacía el cuerpo sin vida de una mujer y en el espejo del lavabo, escrito con sangre y con caracteres toscos pero legibles, la palabra «FAWKARAN».
Sintió tal conmoción que se giró rápidamente y se quedó pegado a la pared contigua a la puerta que daba paso a tan dantesco espectáculo.
¿Era Sonia? ¿Quién iba a ser si no? La simple idea le provocaba un irrefrenable impulso de llorar amargamente. Por otro lado él no estaba en el lugar en el que debería estar, así que ¿por qué iba a ser Sonia? Durante un breve instante consideró la idea de asomarse, con la vaga esperanza de que no fuera ella, pero solo pensarlo le provocó náuseas. Sería incapaz de volver a mirar, tan solo aquella fugaz visión se quedaría marcada en su cerebro para el resto de sus días.
¿Qué hacer? No tenía ni idea sobre por qué había despertado en un piso desconocido, que parecía haber sido registrado en cada rincón, y donde había un cadáver que quizás pertenecía a la mujer con la que había pasado la noche. Pensó en llamar a la policía, pero ¿qué explicación podía dar de aquello? ¿Pensarían que había sido él?
Finalmente se dirigió a la salida y atravesó el umbral, sospechando que el mundo que le esperaba en el exterior era mucho más extraño de lo que recordaba.

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martes, 14 de agosto de 2018

El Síndrome de Antikythera

NAMA Machine d'Anticythère 1

El descubrimiento.

Hace más de un año que tanto yo como los miembros de mi equipo guardamos silencio, quizás porque tememos que nos tomen por locos, quizás por miedo a que nos acusen de falsificadores o simplemente de mentirosos.
Me llamo Thalassa Kyrgiakos y me dedico a la arqueología, concretamente a la arqueología subacuática, así que también soy buzo profesional. Mi mayor debilidad siempre ha sido la búsqueda de antiguos naufragios. Cuando me sumerjo en las profundidades me siento como pez en el agua (nunca mejor dicho)
Como ya expresé más arriba, guardo silencio desde hace más o menos un año, época en la que estaba al frente de la tripulación de un buque de investigación, que recorría el Mediterráneo a la caza de restos de viejas galeras, ya fueran romanas, griegas o fenicias, hundidas y olvidadas en las profundidades desde la remota antigüedad.
Recuerdo que el día del hallazgo nos sumergimos el operador de cámara del equipo y yo.
La idea era filmar el lugar donde, a principios del siglo XX, se habían encontrado los restos de un naufragio, ocurrido unos dos mil años atrás, en los que se hallaron los deteriorados fragmentos del misterioso mecanismo de Anticitera. Un curioso anacronismo que los estudiosos consideraron como una sofisticada calculadora, fabricada con engranajes de bronce y cuya utilidad debió ser la de reloj astronómico, aparentemente de una precisión asombrosa. Poco más se sabía, se desconocía quién había sido su constructor y parte del mecanismo parecía haberse perdido. Por si fuera poco los restos hallados estaban muy dañados después de dos milenios bajo el mar.
Pero allí estábamos nosotros, dispuestos a filmar un documental para mostrar el lugar al mundo, aunque allí ya no hubiera gran cosa, ya que la mayoría de los hallazgos se encontraban ahora en el Museo Arqueológico de Atenas.
Poco hacía sospechar que ese día haríamos un nuevo descubrimiento que eclipsaría en importancia al que se llevó a cabo hacía ya más de un siglo.
El mar estaba en calma y el lugar no se ubicaba demasiado lejos de la costa, ni a una profundidad excesiva. Para nosotros aquello era una inmersión rutinaria y precisamente por eso la secuencia de acontecimientos que nos condujo al descubrimiento nos cogió por sorpresa. Aunque de no ser así difícilmente hubiéramos encontrado lo que encontramos.
Todo empezó cuando algo nos atacó. Ignoro desde dónde vino y cómo apareció, tampoco sé exactamente qué era, porque no llegué a verlo con total claridad. Sin duda se trataba de una especie de cefalópodo enorme, porque lo único que alcancé a distinguir fueron unos imponentes tentáculos que casi nos atrapan. Por desgracia la cámara quedó destrozada y poco faltó para que nosotros corriéramos la misma suerte.
La criatura prácticamente nos acorraló, consiguiendo que nos desorientáramos y que recorriéramos una distancia indeterminada, hasta una caverna submarina en la que por fin logramos encontrar refugio. Aquella bestia nos siguió a través de la oscura gruta, así que tuvimos que penetrar bastante hacia el interior para que nos dejara en paz.
Ahora que traigo a mi memoria los acontecimientos con cierto detalle, desconozco la razón por la que aquel ser desapareció tan rápido como apareció. En la excitación de la huida no llegué a calibrar el tamaño de la criatura, pero a sabiendas de la extrema flexibilidad de los cefalópodos, no me cabe duda de que no hubiera encontrado dificultad alguna en colarse, aunque solo fuera parcialmente, por cualquiera de los recovecos por los que pasamos. Así que supongo que algo debió de suceder para que nos abandonara sin más.
La cuestión es que allí mismo hicimos el gran descubrimiento.
Apuntamos con nuestras linternas hacia lo que parecía ser un gran objeto de bronce, casi esférico y muy deteriorado, de aproximadamente tres metros de diámetro. Al mirarlo con detenimiento reparé en que tenía unas grandes aberturas, similares a los ojos de buey de un submarino. Supongo que en su día habían estado cubiertas por algún tipo de vidrio o de compuertas, pero por ningún lado se veían señales de su existencia.
Me asomé por una de aquellas aberturas y comprobé que se trataba de una especie de cabina de control muy rudimentaria, con primitivas palancas y engranajes cubiertos de herrumbre, y que prácticamente habían perdido su forma original. Pero lo que más destacaba eran los restos de lo que en su momento debió haber sido un sillón y un esqueleto desmontado, al que le faltaban algunas partes, y sobre el que se podía distinguir una calavera con la mandíbula inferior ausente.
Junto al cráneo había un ánfora con el cuello sellado, pero he dicho ánfora porque fue a lo que me recordó la forma de aquella cosa en un primer momento. La realidad es que se trataba de un objeto desconocido, fabricado con algún material que, al contrario que el resto de todo lo que allí se conservaba, no parecía bronce, sino un metal que entonces no pude identificar y que estaba en perfecto estado de conservación. Este objeto fue el único que tomé, dejando lo demás con la idea de regresar con el equipo adecuado, con la intención de rescatar todo lo que pudiera de aquellos enigmáticos restos.
Y hasta aquí debo llegar con la narración de tan casual descubrimiento, todo lo demás serían detalles triviales que no vienen al caso y que aburrirían.
Cuando subimos a la superficie estábamos desorientados y habíamos perdido de vista tanto la costa como el buque, hasta el extremo de que tardaron una hora en rescatarnos.
Desgraciadamente todos mis intentos posteriores por regresar a aquella gruta misteriosa han sido infructuosos, así que las únicas pruebas de las que dispongo, por el momento, son el testimonio de mi operador de cámara y el mío propio... y por supuesto aquella insólita ánfora y su contenido, claro.
Una vez en el buque, después de comer algo y descansar, me dispuse a examinar aquel artefacto. Curiosamente en cuanto lo toqué se abrió el sello de la abertura, que resultó ser una especie de diafragma. Es curioso que, pudiendo desplegarse con tanta facilidad, permaneciera cerrado durante el transporte. La única explicación que se me ocurre es que el sistema de apertura no funcionaba bajo el agua. Apenas se abrió, por el cuello asomó algo, como si algún mecanismo interior lo expulsara con suavidad. Miré con detenimiento y reconocí lo que parecía ser un rollo de papiro en perfecto estado de conservación.
Y he aquí el extraordinario descubrimiento. Debo reconocer que, en cuanto lo leí, pensé que era una broma, pero evidentemente no lo es. Yo misma pude ver aquellos restos y recogí el recipiente. Para colmo las distintas pruebas de datación cronológica, las cuales se han repetido varias veces y en diferentes laboratorios, arrojan sobre el papiro una antigüedad de más de dos mil años.
Ante mí tenía un manuscrito con una grafía que indudablemente pertenecía al griego antiguo, pero al mirarlo con detenimiento distinguí algunas palabras escritas con caracteres latinos modernos. Esto de por sí ya era bastante raro, pero había más. Lo realmente fantástico es que esos caracteres latinos formaban palabras que eran claramente actuales, por lo tanto anacrónicas para la época en que supuestamente fue escrito, y que lógicamente no tenían traducción ni equivalencia en las lenguas de la antigüedad.
Lo único que me queda por hacer es transcribir aquí una traducción del manuscrito para que cada cual juzgue su contenido, aun a riesgo, como ya dije al principio, de que me tomen por una demente o de que me acusen de fraude.

El Manuscrito.

El fin es inevitable. Muero lentamente, me quedo sin oxígeno, así que debo aprovechar el tiempo para escribir, para dejar constancia de mi increíble historia.
Antes que nada, para evitar malentendidos, aclarar que no soy un navegante, al menos no del mar. Supongo que sería la explicación más sencilla si has encontrado este escrito dentro de mi cabina de control, hundida ahora en el océano, y la explicación más sencilla es la más probable, pero no inevitablemente la verdadera (sí, conozco la navaja de Ockham)
Como decía, no soy un marino, sino un viajero del tiempo atrapado a causa de un desgraciado accidente. No quiero empezar la historia por el final, tan solo diré que ahora me encuentro en el año 211 de la Era Seléucida (lo que es lo mismo que el 844 Anno Urbis Conditae o el –90 de la Era Cristiana, como prefieras)
Mi llegada a esta época fue precipitada, digamos que no fijé las coordenadas con suficiente precisión, por lo que fui a parar cerca de la isla de Ogylos, futura Anticitera, con la mala suerte de estrellarme contra una galera que navegaba por ese punto. En el impacto perdí una parte vital del mecanismo: un preciso reloj astronómico que me permite fijar el punto espacio–temporal al que quiero viajar. Así que me hundo en las profundidades del Mediterráneo sin posibilidad de controlar este artilugio infernal, que ahora se convertirá en mi tumba.
Seguramente te harás preguntas sobre mi origen. Pues bien, hace ya muchos años que nací en Siracusa, entonces la ciudad más importante de Sikelia, lugar que tal vez hayas oído nombrar como Sicilia. Posiblemente te suene el nombre de Arquímedes. ¡Qué locura! ¿verdad? Si sabes algo de Historia pensarás: “¿pero no lo mataron los romanos en el asedio de Siracusa?”. Bueno, sobre eso hablaré en su momento, no voy a adelantar acontecimientos, prefiero llevar un orden en la narración.
Construí mi máquina del tiempo, a la que prefiero llamar artilugio de Cronos, entre los años –214 y –212 (creo que será menos confuso si a partir de ahora uso la numeración de la Era Cristiana) ¿Que cómo inventé algo así en una época tan primitiva, tecnológicamente hablando? Pues, para empezar, yo no inventé nada, solo seguí mis propias instrucciones. Me explico:
Supongo que conoces todo eso que se ha escrito sobre mí: lo de “Eureka”, lo de “mover el mundo con un punto de apoyo”. Pues es verdad... aunque solo en parte. Por ejemplo, cuando encontré la solución al problema que me propuso Hierón, ya sabes eso de la corona de oro, cierto es que estaba reflexionando mientras disfrutaba de un baño, y estaba a punto de darme por vencido. Pero entonces, y esto es lo increíble, me vi a mí mismo entrar por la puerta. Puedes imaginar lo que pasó a continuación: ¡Me llevé tal susto que salí corriendo por la calle desnudo y pidiendo auxilio! Lo de Eureka lo dije más tarde, cuando después de calmarme volví a casa y comprobé que mi alter ego me había dejado un papiro en el que me explicaba el “principio de Arquímedes”.
Si perteneces a tiempos posteriores a la última década del siglo XIX, época en la que el hispano Enrique Gaspar y Rimbau escribió la primera obra moderna y conocida en la que se habla de una máquina del tiempo (el señor Wells, al que tuve el honor de conocer en alguno de mis cronoviajes, la popularizó, pero no fue el primero), ya habrás comprendido que aquel que me sorprendió en el baño era una versión de mí mismo, llegada desde el futuro. Aunque, como es lógico, entonces yo no lo sabía.
Así que todo lo que inventé, todo lo que descubrí, fue información que yo mismo me entregué a lo largo de los años. ¿Que cuál fue el origen de dicha información? Ni idea, no parece tener origen, forma un bucle en la dimensión temporal, aparentemente sin haber sido generada. Ignoro la solución de semejante paradoja. Tal vez en un universo paralelo haya un Arquímedes que inventó de verdad todo eso y, al viajar y darse información a sí mismo, generó esta extraña línea temporal. Alguien dijo que el multiverso es un inmenso plagio de sí mismo, pero ahora no recuerdo quién.
Volviendo a la historia que nos ocupa. Tres años antes de mi supuesta muerte a manos de los romanos, volví a recibir varias visitas de mi yo futuro, esta vez avisándome de lo que iba a ocurrir durante el asedio.
Según me dije, la forma de escapar era construir un artefacto de Cronos, pero como eso requeriría algún tiempo, me tendría que ayudar de otros artilugios para retrasar la invasión romana. Así que durante esas visitas me fui entregando todo tipo de instrucciones, ayudándome a mi mismo a fabricar tanto el artefacto de Cronos como las máquinas destinadas a hacerles a los romanos más duro el asedio.
Y mientras construía escribí un tratado en el que anotaba todos los detalles de su fabricación, ya que la información que me autoentregué desde el futuro fue oral y un poco desordenada. La idea era proporcionarme el tratado a mí mismo para facilitarme las cosas, pero no sé cómo, el manuscrito se perdió dos días antes de tener la máquina lista. Creo que apareció unos años después en la gran biblioteca de Alejandría. Desgraciadamente se quemó con esta, como tantas otras cosas.
El día que los romanos tomaron Siracusa el artefacto ya estaba preparado. Cuando el primer legionario llegó, yo estaba en el interior de la máquina. Le dije: “¡Adiós muchacho!” (no sé quién se inventó que dije no sé qué de unos círculos), cerré la compuerta y me lancé a mi primer viaje en el tiempo.
Creo que los romanos me querían vivo y, como no pudieron capturarme, debo suponer que se inventaron lo de mi muerte, con el fin de ocultar que escapé delante de sus narices, o tal vez me confundieron con alguno de los pobres diablos a los que mataron durante el asedio.
¿Adónde fui? Detallar todo lo que hice me llevaría escribir varias decenas de libros, e irónicamente el tiempo se me agota. Así pues solo diré que viajé al futuro y que conocí todas las eras de la humanidad, y por supuesto que fui al pasado para entregarme a mí mismo toda la información sobre mis descubrimientos y sobre la construcción del artilugio de Cronos, para salvarme llegado el momento.
Mis viajes fueron largos e incontables. Conocí la Historia de la humanidad desde distintos ángulos e incluso influí en ella. Dispuse de mucho tiempo para aprender, porque aunque era un anciano cuando inicié mis viajes en el tiempo, parece ser que estar dentro de la máquina tiene un ligero efecto rejuvenecedor, que se acrecienta con su uso y que concede una inexplicable longevidad. Es difícil de saber, pero según mi propio cómputo de tiempo personal debo tener más de doscientos años, sin embargo ahora me siento como si tuviera unos cincuenta, o quizás menos.
Y ahora voy al quid de la cuestión del accidente. Cuando llegué al año 2013, descubrí que la civilización se había desmoronado por culpa de alguna gran catástrofe planetaria. Viajé un año atrás, a 2012 para investigar la causa, que no fue otra que una serie de profecías ficticias y absurdas que, sumadas a la insensatez de una grave crisis económica, provocaron una paranoia colectiva, además de enloquecer a determinados círculos de fundamentalistas. Lo peor fue que antes de finales de 2012 un grupo extremadamente peligroso había urdido una conspiración mundial y se había hecho con una nueva arma, tan terrible que era capaz de provocar un verdadero Apocalipsis.
Investigué a conciencia a este grupo. Sé que lo siguiente sonará raro, pero el artilugio de Cronos me permitía este tipo de contradicciones y aun cosas más extrañas, a lo que voy: me llevó años vigilar lo que sucedía en cuestión de unos meses.
Lo que descubrí fue en verdad inquietante. Los integrantes de este grupo, que en realidad era una especie de sociedad secreta, se llamaban a sí mismos los “Restauratori” y creían que el Apocalipsis debía cumplirse a través de ellos, que eran los instrumentos de Dios. Después este los resucitaría y ellos heredarían la Tierra.
Hasta entonces no habían actuado, o por lo menos no habían reivindicado nada, porque solo esperaban actuar una vez, dando un solo golpe brutal que acabaría con un mundo degenerado (entiéndase que para ellos la degeneración era la libertad y la democracia).
Descubrí que su organización tenía una estructura piramidal. La base de su jerarquía estaba constituida por gentes que ni siquiera conocían de la existencia del grupo y mucho menos que trabajaban para este. Normalmente eran individuos o colectivos que actuaban movidos por ideologías que tenían fines que beneficiaban a los “Restauratori”, los cuales los patrocinaban desde la sombra. Esto incluía grandes medios de comunicación, algunos grupos religiosos e incluso determinados partidos políticos.
Por encima de todos estos colectivos estaban los fanáticos, los que conocían la causa y creían en esta de verdad, los que actuaban y ejecutaban las acciones necesarias, digamos que eran los brazos de la élite del grupo. Estos, al igual que los anteriores, eran sacrificables y de hecho serían sacrificados si se lograban los objetivos.
Por último, en la punta de la pirámide, estaba la élite: los que tenían embaucados a todos los demás y manejaban los hilos desde la sombra, sin actuar nunca directamente. Eran los únicos conocedores de la existencia de un macrorrefugio subterráneo en el que sobrevivirían solo ellos durante varias generaciones, hasta que la Tierra estuviera preparada para ser de nuevo habitada. Estos últimos sabían que sobrevivirían al Apocalipsis, pero no por intervención divina.
Lo peor es que estaban infiltrados en estamentos de gran poder económico hasta un nivel inimaginable. Como preámbulo a la gran catástrofe que se avecinaba en 2012 habían inventado una crisis económica a nivel mundial, con la idea de crear un descontento tan profundo que provocaría los convenientes cambios de gobierno en la mayoría de los países. Así fueron dando golpes de estado encubiertos, y la cosa les salió bien, ya que para principios del año 2012 casi todos los gobiernos de occidente habían caído bajo su control.
Ya solo les quedaba el golpe definitivo, el arma del Armagedón. Si eres un lector perteneciente a la segunda mitad del siglo XX o principios del XXI pensarás sin duda en un arma de fusión nuclear, pero no, eso hubiera devastado una metrópolis, provocando una terrible tragedia y otras consecuencias que hubieran alterado el equilibrio planetario, pero la civilización no hubiera desaparecido.
La cosa era peor. Resulta que en 2012 no solo se demostró definitivamente la existencia del bosón de Higgs, sino que alguien logró utilizarlo para manipular la masa. El arma en cuestión era capaz de concentrar masa en un punto, hasta el extremo de generar un agujero negro que duraba menos de un segundo. No era lo bastante grande como para tragarse al planeta entero, pero sí como para absorber buena parte de la atmósfera y de la corteza, provocando una catástrofe planetaria equivalente a la detonación de varios cientos de millones de bombas de hidrógeno.
Me costó averiguar el lugar y momento exacto de detonación del arma. Pero, en cuanto lo hice, tomé la decisión de robar el artefacto, que era poco más grande que un pequeño mueble, y llevarlo a una época en la que no pudiera hacer daño a la humanidad.
No comprendo muy bien cómo encajaba en el plan de los “Restauratori” provocar una debacle económica antes de la aniquilación final. Posiblemente necesitan el poder para mover los hilos adecuados, con el fin de que el desarrollo de la ciencia permitiera la fabricación de un arma de tal magnitud, y puede que también para crear un refugio tan grande como una ciudad mediana y cuya construcción parece estar relacionada con la desaparición de miles de personas en todo el mundo. Aun así creo que las ramificaciones de este asunto son demasiado complejas para mí, sobre todo en estos últimos momentos en los que la anoxia comienza a hacer estragos en mi cerebro.
Al final todo el asunto me horrorizó tanto que actué de una forma contundente, pero un tanto irreflexiva... Y cometí un error fatal ¿Cuál? Pues llegar solo unos minutos antes de la detonación, sin pensar que uno de aquellos fanáticos custodiaba el artefacto, dispuesto a morir para que se “cumplieran” las profecías. Después de una lucha, en la que casi pierdo la vida, conseguí dejar al individuo fuera de combate, antes de empujar el arma hasta el artilugio de Cronos. Pero apenas disponía de un minuto, así que calibré las coordenadas con la idea de alejarme hasta una época muy remota. Digamos que la máquina funcionaba con un conjunto de engranajes que me permitían fijar con precisión el punto de destino en el espacio–tiempo, y que se manejaba por un sistema de palancas, así que manipulé sin mucha delicadeza las que servían para controlar la distancia temporal.
Supongo que lo ideal hubiera sido ir a un planeta lejano (planeta en el sentido astronómico, no en el de mi lengua natal), pero ¿cómo iba a abrir la cabina para empujar el artefacto en un lugar en el que no se podía respirar? Si iba al futuro podría destruir una humanidad ulterior, así que fui a un pasado muy remoto, sin meditar demasiado sobre las consecuencias de lo que hacía.
Si sabes algo de historia natural te podrás imaginar lo que ocasioné. Resulta que lancé aquello en el Cretácico Superior, provocando la famosa extinción masiva en la que desaparecieron los dinosaurios, dejando vía libre a los primitivos mamíferos. Así que si lo piensas bien aquel artefacto de destrucción en último término fue el creador de la humanidad. Irónicamente nuestro mundo de mamíferos es una paradoja creada por otra paradoja (me refiero a mi artilugio de Cronos, claro), el instrumento del Apocalipsis se convirtió en la semilla del génesis.
Pero sucedió que cuando lancé el aparato infernal apenas quedaban dos segundos para que detonara, así que fijé las coordenadas muy rápidamente para escapar.
El resto ya lo conoces, llegué a este año –90 impactando contra una galera, y perdiendo una parte vital del mecanismo del artilugio de Cronos... Si alguien descubre ese fragmento desprendido y no encuentra el resto de la máquina, ni este manuscrito, se devanará los sesos tratando de descifrar el misterio.
Y puede que de momento haya salvado a la humanidad, puede que gracias a mí esta continúe más allá de 2012, pero los “Restauratori” seguirán allí y volverán a intentarlo. Creo que no llegaron a saber de mi existencia, así que quizás piensen que su arma falló, pero persistirán en su empeño, a no ser que antes la humanidad despierte de su letargo, que el mundo reaccione y se produzca una nueva revolución que les arrebate el poder.
Creo que empiezo a delirar... se me acaba del todo el oxígeno. Pero antes de morir dejo escrita una última paradoja, o más bien una broma, cortesía del propio Cronos, y es que a pesar de haber salvado (incluso creado diría yo) a la humanidad no podré eludir mi propio fin.
Pero he vivido bastante, y en estos últimos momentos, a pesar de la asfixia, no puedo evitar una sonrisa irónica. Podría decirse que me he dado un punto de apoyo y he movido el mundo...