Arshan Anutisthati observaba aquel páramo desolador a través de su escafandra. Era como ver un desierto pedregoso a través de un filtro rojo.
Cuando SHF1003, su compañero artificial, le comunicó que estaban a escasos metros de su objetivo, todos sus años de experiencia no sirvieron para impedir que se le formara un nudo en el estómago, lo cual le inquietaba, ya que su intuición no solía fallar.
—La anomalía parece estar allí —dijo el robot señalando un insólito arco de piedra, probable capricho de la erosión, pero que no dejaba de ser llamativo por su apariencia casi artificial.
La mirada de Arshan se centró momentáneamente en SHF1003. A pesar de todos los años durante los que había tratado con aquellos entes metálicos, los de la serie SHF no dejaban de resultarle especialmente sorprendentes. No por la apariencia, que solía variar según la función de cada robot, aunque en la mayoría de los casos poseyeran una tosca forma humanoide, sino por las increíbles capacidades intelectuales que solían manifestar.
